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viernes, 24 de agosto de 2007

Figuretismo sísmico


Lima, viernes 24 de agosto del 2007.- La palabra “figuretismo” aún no existe oficialmente para la Real Academia Española (RAE), pero gracias a los programas de chismes ha pasado a formar parte del léxico popular desde hace algunos años. Tampoco existe para la RAE la palabra “figureti” o sus derivados. No sé si en otras latitudes exista una jerga similar, pero en Perú todo el mundo sabe que ésta describe a un (a) exhibicionista mediático (a).

Hoy perdí la cuenta de las veces que el chofer del taxi empleó este término, sus derivados y conjugaciones. Pero más allá de la anécdota lingüística, rescataré del hall de la fama de los personajes que aprovecharon el fatídico sismo de Pisco, para escalar en el mundo del figuretismo, en opinión del conductor del vehículo, a los dos primeros.

Sin ningún orden de méritos en especial, la primera mencionada de la lista fue la conductora de televisión Laura Bozo. Tildada ya hace días de figureti por su colega Magaly Medina, la “doctora de los pobres” desató varios minutos de iracundos comentarios del chofer, dándole la razón a algunos titulares que señalan que la “Señorita” (como es conocida la Bozo en Latinoamérica) no solo no llevó ayuda sino que animó a los pobladores a alzarse en protestas.

Solicité al taxista que precisara sus fuentes para afirmar tales graves acusaciones. Dijo que lo había leído en las noticias y para él no cabía duda de que así sucedió. Bueno, la veracidad y la credibilidad del cuarto poder no es materia de este post, así que continuemos con los “figureti awards”.

El segundo galardonado con el título fue el ministro de la Producción, Rafael Rey, sumándose el taxista a las múltiples críticas por el lanzamiento del conmemorativo “Pisco 7.9”, una edición especial de nuestro licor de bandera, cuyo nombre hace alusión a la magnitud del sismo. Este destilado de uva será el regalo oficial para agradecer a presidentes de diversos países y entidades extranjeras que prestaron su ayuda para socorrer a las víctimas del terremoto.

“¿No tiene nada mejor que hacer el ministro?”, lanzó el conductor la pregunta al aire, comentando que al igual que diversos sectores de la sociedad considera de mal gusto y una falta de respeto esta botella de la discordia. Algunos políticos han cuestionado con ironía en los medios de comunicación si el trago será acaso para brindar por los muertos del terremoto.

La lista del taxista incluyó también congresistas y artistas. Al final, resumió: “Todos aprovecharon el terremoto para el figuretismo”.

¡Ya está en cana!

Lima, viernes 24 de agosto del 2007.- “¿Y… amigo? ¿Qué dicen los temblores?” Inquirió el chofer tras apenas haber yo cerrado la puerta del taxi al subir. Antes de que pudiera pronunciar palabra alguna, él mismo contestó la interrogante diciendo que aunque la gente ya está más tranquila y muchos ya se olvidaron de comentar el tema, nadie piensa dos veces en escapar hacia la calle ante cualquier ligero remezón que se deje sentir.

Durante los siguientes cinco minutos de este viaje, ayer por la mañana, seguí escuchando los comentarios del taxista sobre diversos tópicos referentes al sismo. Con la boca convertida en metralleta esparciendo 20 mil palabras por minuto, hizo un repaso de los mayores acontecimientos vinculados al terremoto, en apenas unas cuantas cuadras de recorrido.

Habló raudamente de los que han quedado sin casa y sufren penurias en Pisco, Chincha, Cañete e Ica; de la triste noticia de la bebé que murió de frío; de los rescatados de entre los escombros; pero pausó su discurso al mencionar los detenidos que robaron donaciones destinadas a los damnificados.

“¡Son unos desgraciados!”, gruñó. “!Unos malditos!… como dijo Alan García”, agregó.

Aunque en realidad nuestro presidente maldijo en su discurso post sismo a los especuladores que aprovecharon el evento para subir los precios a los bienes que requería la población afectada, creo resulta comprensible la analogía del taxista.

Con este son tres los posts en los que relato la espontánea indignación de los transportistas ante los delictivas actitudes de empleados y funcionarios responsables de canalizar la ayuda a los pobladores afectados del sur.

Parece que todo el mundo estaba esperando un desenlace ejemplar, en el cual los malos son castigados y la confianza en las autoridades y voluntarios que manejan la ayuda se restablece como por arte de magia. Sin embargo, los periódicos y noticieros siguen propinándonos encontronazos. En Huancayo, Chiclayo y Callao, hasta el momento, continúan reportándose casos de robos de donaciones.

Parte de nuestra sociedad, que niega una moneda al mendigo paralítico, porque tiene fundadas razones para creer que por la noche se levantará de su silla de ruedas y saldrá caminando rumbo a la diversión, hizo esta vez a un lado la desconfiada mezquindad. Afortunadamente los delictivos acontecimientos parecen no haber hecho mucha mella en la generosa buena voluntad de las personas.

Esa misma noche, en otra carrera, sin ningún marco previo le pregunté al taxista “¿Ya la llevaron a Santa Mónica?”(*). “Yaaaaaaaaaa. Ya está en cana”, sentenció con un suspiro de alivio antes de continuar con reflexiones similares a los de sus colegas de este y los posts anteriores acerca de los atrapados funcionarios y trabajadores roba donaciones.

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(*)Agrego este pie explicativo para los lectores ajenos a nuestra realidad. Santa Mónica es una conocida cárcel limeña para mujeres y la aludida nueva rea es la del post "La ayuda no sobra"

miércoles, 22 de agosto de 2007

¡Es un atorrante!


Lima, miércoles 22 de agosto del 2007.- Tal como informan las noticias, el mal ejemplo expande y el día de hoy el protagonismo periodístico le tocó a un chofer de la región Callao, al habérsele encontrado en su vivienda productos destinados a los damnificados de Cañete, Pisco, Chincha e Ica, por el reciente sismo.

Con pulcritud en su vestir, su vehículo y su hablar, el conductor expresó en voz alta su indignación por la noticia, aunque sin procacidades de por medio. Actitud que –me refiero a la ausencia de ajos y cebollas– imagino se debe en parte a su reglamento empresarial, pues pertenecía a una compañía de servicios de taxi, cosa que yo ignoraba cuando abordé el vehículo.

“¡Es un atorrante!”, dijo categóricamente agregando casi la misma frase del chofer del día de ayer “¡Con tantos niños que se están muriendo de hambre en el sur!”. Calificó de desalmado a Héctor Roca Morales, el chofer de las noticias, pues dijo que debería sentirse agradecido de tener una casa, a diferencia de los sufridos sureños que han perdido sus bienes y sus familias.

Recordando lo que vio en las noticias del día anterior, dijo que el acusado tiene una bodega y que seguramente en ella hubieran acabado la leche, arroz, atún, azúcar y frazadas que sustrajo. Alegrándose de que haya sido capturado expresó su deseo de que le caiga todo el peso de la ley –hasta 10 años de prisión, según los informes.

viernes, 17 de agosto de 2007

Cóbrame lo que quieras


Lima, viernes 17 de agosto del 2007.- La devastación causada en Pisco, Chincha, Cañete e Ica por el terremoto del miércoles sigue siendo indudablemente el tema principal en las noticias. En Lima, a pesar que hubo lamentables pérdidas humanas y graves daños materiales, las consecuencias fueron abismalmente leves en comparación con las del sur del país. Pero la ciudad aún no vuelve a la normalidad y los comentarios respecto al evento se avivan con cada remezón de las réplicas que, dos días después, aún se dejan sentir. En cada taxi que abordo no se puede hablar de otra cosa más que del telúrico incidente, de cómo lo vivieron los conductores y del pesar que se vive por la gente del sureño departamento.

Uno de los taxistas que me transportó recordó que al iniciarse el sismo del miércoles se encontraba en el distrito de La Molina y su pasajero, quien acababa de salir del edificio frente al cual se había detenido el taxi, aún no subía al vehículo.

Al empezar la tembladera, presuroso el conductor le indicó a su cliente que subiera al vehículo para avanzar media cuadra hasta donde se levantaban viviendas de dos pisos y así alejarse del alto edificio frente al cual se encontraban.

Sin pensarlo dos veces el flaquito –como describió a su pasajero– subió al vehículo y rodaron hacia la zona segura. “Seguramente el pata vive solo –dijo, refiriéndose a su pasajero–. Porque si mi familia hubiera estado adentro yo me meto al edificio a buscarlos en lugar de irme”.

Esta mañana, la réplica sísmica sorprendió a este taxista detenido en una luz roja con una señora como pasajera. Confundiendo el leve sismo con el movimiento del auto, pensó que “la palanca estaba enganchada y por eso zapateaba”. Pero al bajar la mirada y ver el auto en neutro, supo de qué se trataba. Junto con su pasajera, que hasta ese momento no se había sobresaltado, comprobó el sismo al escuchar el reporte del locutor en la radio y ver a la gente desalojar presurosa los inmuebles, a su alrededor.

Otro taxista me comentó que después del movimiento y sin lograr comunicarse por celular con su familia, decidió irse a casa, recogiendo únicamente pasajeros que estuvieran en su ruta. Con el taxi ya ocupado, otros transeúntes le solicitaban por la ventanilla del auto a los pasajeros compartir el vehículo para que los acercaran a diversos destinos –recuerda el conductor sobre aquellos momentos de incertidumbre vividos por todos.

Entre los pasajeros que rechazó aquel día varios le suplicaron “Cóbrame lo que quieras, pero llévame”. El afán del taxista por llegar a ver a sus pequeños hijos y a su esposa lo mantuvo en ruta directa hacia el hogar. “Me hubiera hecho millonario ese día”, dijo en tono de broma, agregando que “si hubiera estado soltero seguro seguía haciendo taxi el miércoles”.

jueves, 16 de agosto de 2007

¿Cómo te sorprendió el temblor?


Lima, jueves 16 de agosto del 2007.- Casi todo el Perú quedó paralizado ayer durante dos angustiantes minutos, debido al fuerte sismo que nos sacudió. Tras la conmoción, el ingrato impacto para muchos peruanos fue ver la real magnitud de los daños ocasionados por el terremoto, principalmente en las ciudades de Pisco, Chincha e Ica. De más estaría hacer un recuento de este fatídico evento que hasta el momento lleva como saldo cifras que superan los 500 muertos, 1.150 heridos y un elevado número de familias damnificadas. La prensa nacional e internacional, que sigue minuto a minuto informando de los detalles de esta tragedia, ofrece incontables páginas y una asombrosa cobertura, con los pormenores.

Tan impactante acontecimiento, ha merecido ser sido el tema de conversación central en todo el país y por supuesto, ni siquiera tuve que abrir la boca para que el taxista hoy iniciara nuestra tertulia con la pregunta que, como pude comprobar, todo el mundo se hizo unos a otros el día de hoy: “¿Cómo te sorprendió el temblor?”.

A mi turno de formular la misma interrogante y de enterarme que el taxista iba en marcha sobre la Av. Argentina en El Callao a las 18:40 horas (instante del sismo), creció mi intriga por saber cómo se vivió la experiencia estando en un vehículo en marcha, ya que cuando los movimientos son leves pasan desapercibidos en un auto en movimiento. Procedió a contarme.

Tras un inusual y prolongado vaivén del auto, la primera conclusión a la que llegó este conductor, con unos 45 años encima y el doble de esta cifra en kilogramos, fue que se le había reventado una llanta. Inmediatamente lo sorprendió un semáforo en rojo y en torno a su auto de dos puertas la gente comenzó a circular frenéticamente; así que a ellos atribuyó los empujones que pensaba que movían su vehículo.

Cuando ya no hubo nadie a su alrededor, pero el baile del auto continuaba, la idea de un temblor invadió su mente levemente, tan levemente como pensaba que era la magnitud del sismo. Sin embargo el sobresalto vino cuando más y más gente se apoderaba de las pistas en huidiza carrera desde los inmuebles.

Súbitamente, con una mano en la manija –y la otra probablemente en el corazón– un transeúnte le pidió una carrera. Antes de que el taxista contestara algo se sumó la que parecía ser su esposa, convirtiendo la solicitud en un ruego para que los llevara a hasta la cercana Av. Faucett, para asegurarse de que sus menores hijos no hubieran sufrido daños.

Después de dejarlos a un par de cuadras de su destino debido a la congestión peatonal y vehicular, este conductor salió tan rápido como se lo permitieron los reclamos de los asustados vecinos del lugar, que habían invadido la pista para ponerse a buen recaudo.

Una vez que su auto agarró viada, nada lo detuvo –me relató el chofer– en su marcha hacia su casa, ni las decenas de manos que se alzaban en su trayecto solicitándole sus servicios de transporte, ni el posible buen dinero que hubiera podido sacar por ello.

Su meta era llegar a casa y ver a su familia, pues ya comprobaba lo que muchos peruanos a esa misma hora: la angustia de no poder comunicarse con los suyos, pues las líneas telefónicas estaban congestionadas de tal forma como no ocurre ni siquiera a las 00 horas de un año nuevo.

Entre irónico y reflexivo, y alguna risilla de por medio, agregó que quienes continuaron “taxeando” seguramente no tienen familia.

Por mi parte, aquel sacudido día, después de los intentos de llamadas familiares de rigor, algunas providencialmente exitosas, pensé que debía llamar a un servicio telefónico de taxis para llegar a casa. Felizmente esa llamada también funcionó. Esperé más de una hora la llegada de mi “unidad móvil”, pero sospechaba que aquella era mi mejor opción, pues a lo mejor la mía hubiera sido una de las tantas manos que se levantaron angustiadas sobre aquel pequeño vehículo de dos puertas y su regordete conductor.

[Foto: Con la tierra aún temblando, entre las pausas de los intentos de llamada, mi celular capturó algunas imágenes. Taxis y demás vehículos detuvieron la marcha por la temblorosa situación.